La espiritualidad benedictina tiene como característica principal la centralidad del Evangelio, por lo tanto, es una espiritualidad bíblica y litúrgica que se traduce en dos prácticas presentes en la vida de la comunidad benedictina: La Lectio Divina y el Oficio Divino.

“La palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos.” Hb. 4,12

Muchos tenemos el deseo de crecer en relación personal con Dios. Queremos aprender a escuchar y responder a Jesús más efectivamente, su mensaje, su Evangelio. Todo es regalo de Dios, todo es gracia de Dios. La Lectio Divina es un medio de encuentro con Dios en el día a día; y en este dinamismo vemos cómo la gracia de Dios construye sobre nuestra naturaleza.
En este diálogo interior podemos descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas.

El encuentro con Dios en su Palabra presupone una actitud de receptividad y docilidad características del discípulo que está dispuesto a ser transformado.
La Biblia es entonces un instrumento de salvación pues nos confronta con las propias creencias, actitudes y comportamientos. Y es una ayuda eficaz para no reforzar los propios puntos de vista.

Otras actitudes necesarias a la hora de colocarnos frente de la Palabra son:

  • Fidelidad que se consigue cuando la Lectio se convierte en un hábito.
  • Asiduidad cuando se le da a la Lectio un tiempo propio y se lo respeta con perseverancia.
  • Reverencia distintivo del que ama y respeta, supone también delicadeza, silencio y humildad.
  • Compunción despertar en nosotros el deseo de querer ser tocados por Dios, de querer ser cambiado desde el corazón.
En la Práctica de la Lectio Divina pasamos por 4 sentidos presentes en la Palabra que se corresponden con los diferentes momentos de la oración:
El sentido literal: Es el sentido histórico, lo que el autor escribió y lo que quiere comunicar. Usamos la mente para entender sin compromiso.
El sentido cristológico: Encontrar el simbolismo del mensaje, su significado cristiano. Usamos la memoria y nuestra subjetividad para darle otro significado a lo que leemos.
El sentido moral: No es el contenido ético, sino el modo como la Sagrada Escritura modela nuestras creencias, valores y comportamientos para evangelizarnos, y ser otros Cristos.
El sentido místico: La capacidad de la Sagrada Escritura de hacernos entrar en contacto con Dios. La palabra llega entonces a nuestra conciencia y corazón para mos trarnos la verdad y posibilitar nuestra obediencia.

“Nada se anteponga a la obra de Dios”. RB 43,1

La Vida Benedictina nos ayuda a mantener una conciencia viva de la presencia de Dios así como la actitud de orar sin cesar.
A través de nuestra Liturgia nos unimos a la alabanza de la Iglesia, glorificando a Cristo y por Él al Padre. Por el poder del Espíritu Santo intercedemos con Cristo ante el Padre por el mundo entero.

Para nuestra alabanza comunitaria en la Liturgia de las Horas nos reunimos varias veces al día.
Por la celebración de estas Horas se santifica el día, todo el esfuerzo humano y presentamos ante Dios los sufrimientos y las aflicciones de la humanidad.

Laudes es la oración de la mañana. Santifica la mañana y recuerda la Resurrección del Señor, luz que ilumina a todos los hombres. Las Laudes recuerdan también la creación. Son además un sacrificio porque son un ofrecimiento de primicias, dedicación a Dios Padre de la jornada de trabajo.

Sexta es la oración del mediodía. Al llegar el sol a su culmen, se hace memoria del Misterio Salvador de Cristo en la Cruz. Evoca, además la oración de Pedro en casa del curtidor, la agonía de Cristo y su ascensión al cielo.
Vísperas Vísperas es la oración de la tarde. Se celebra cuando ya declina el día para dar gracias a Dios por los dones recibidos durante el día y por lo realizado en la jornada. Esta oración evoca la Redención y la esperanza de la vida eterna. También conmemora el misterio de la cena del Señor y recuerda la muerte de Cristo, con la que cerró su jornada terrena.

Completas es la oración de la noche, es la última oración del día, que prepara para el descanso nocturno, encomendándose a la protección de Dios y vigilando para huir de los ataques de demonio.