¡El jueves después de Navidad rezábamos todas para que no lloviera! El motivo era poder realizar la Cena de Navidad para las personas que servimos cada semana. Mucha preparación previa nos reunió para repartir los regalos y coordinar las actividades que cada voluntario debía realizar.
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Las personas que nos convocan son cristos sufrientes y tienen necesidades de todo tipo. Nuestro pequeño gesto de amor es siempre recibido con gratitud y como una especie de bálsamo. Para nosotros que servimos es un honor y una oportunidad de amar a Jesús presente en cada uno y especialmente en ellos.